jueves, 30 de julio de 2015

LA TALLA 38 VISTA POR UNA MUJER FEMINISTA ARABE

Tánger a la vista, toca hacer la maleta. Acción a la que sigue la pregunta: ¿qué llevas para vestir allí en Marruecos? Respuesta: mi ropa. Con que sea de mi talla, tanto a mi cuerpo como a las y los marroquís, creo que les parecerá  una vestimenta extranjera correcta.
Este pequeño dialogo pre-viaje me lleva a recordar con una sonrisa la experiencia vestimentaria de la genial Fatema Mernissi, como mujer feminista árabe, en Occidente y no me resisto a compartirlo. ¡Ahí va dicha experiencia y su reflexiva visión de nuestra talla 38!
El harén de las mujeres occidentales es la talla 38
“Mientras intentaba encontrar, sin éxito, una falda de algodón en unos grandes almacenes en Estados Unidos, oí por primera vez que mis caderas no iban a caber en la talla 38. A continuación viví la desagradable experiencia de comprobar cómo el estereotipo de belleza vigente en el mundo occidental puede herir psicológicamente y humillar a una mujer. Tanto, incluso, como la actitud de la policía pagada por el Estado para imponer el uso del velo, en países con regímenes extremistas como Irán, Afganistán o Arabia Saudí.
La elegante señorita del establecimiento me  miró de arriba abajo desde detrás del mostrador y, sin hacer el menor movimiento, sentenció que no tenía faldas de mi talla: ¡Es usted demasiado grande! – dijo.
– ¿Comparada con qué? – repliqué.
– Pues con la talla 38. Lo normal es una 36 o una 38. Las tallas grandes, como la que usted necesita, puede encontrarlas en tiendas especiales.
Era la primera vez que me decían semejante estupidez respecto a mi talla.
– Y ¿se puede saber quién establece  lo que es normal y lo que no? – pregunté a la dependienta como queriendo recuperar algo de mi seguridad si ponía a prueba las reglas establecidas. – ¿Quién ha dicho que todo el mundo deba tener la talla 38? – bromeé, sin mencionar la talla 36, que es la que usa mi sobrina de doce años, delgadísima.
– La norma está presente en todas partes, querida mía. En las revistas, en los anuncios. Es imposible no verlo. Si aquí se vendiera la talla 46 ó 48, que son probablemente las que usted necesita, nos iríamos a la bancarrota. Pero ¿en qué mundo vive usted, señora? Lo siento, pero no puedo ayudarla, de verdad.
–  Pues vengo de un país donde no existen las tallas en la ropa de mujer – repliqué-. Yo misma me compro la tela, y la costurera del barrio o un artesano me hacen la falda que le pido a medida. De hecho, si quiere que le diga la verdad, no tengo ni idea de qué talla uso.
– ¿Quiere usted decir que no vigila su peso? – me preguntó con cierta incredulidad.”
Fatema Mernissi a partir de esta experiencia reflexiona sobre nuestra violencia simbólica en el último capítulo de su obra “El harén en Occidente”, uno de esos pequeños grandes libros de obligada lectura.
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“Retrato de Ana Ajmatova” de Nathan Altman.
Fatema concluye que “a diferencia del hombre musulmán, que establece su dominación por medio del uso del espacio (excluyendo a la mujer de la arena pública), el occidental manipula el tiempo y la luz. Este último afirma que la mujer es bella cuando aparenta catorce años y al dar el máximo de importancia a esa imagen de niña y fijarla en la iconografía como ideal de belleza, condena a la invisibilidad a la mujer madura”. Mernissi añade que no se ataca directamente la edad, sino que se enmascara como opción estética. “En efecto, en aquella tienda no solo me sentí repentinamente horrorosa, sino también inútil. Mientras los ayatolás consideran a la mujer según el uso que haga del velo, en Occidente son sus caderas orondas las que la señalan y marginan… El objetivo es el mismo en ambos casos.” Prosigue: “el poder del hombre occidental reside en dictar cómo debe vestirse la  mujer y qué aspecto debe tener. Es el hombre quien controla la industria de la moda, desde la cosmética hasta la ropa interior. Me di cuenta de que Occidente es la única parte del mundo donde las cuestiones de la moda femenina son un negocio dirigido por hombres. En países como Marruecos la moda es cosa de mujeres.”
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Serie “Harem” de Lalla Essaydi.
Esta es la visión acerca de la violencia simbólica occidental para una mujer árabe culta como Fatema Mernissi. Una visión que personalmente me impactó cuando la leí por primera vez, en tanto que como mujer occidental era la primera vez que sentía sobre mi cultura patriarcal la mirada crítica de una persona de origen árabe, una mirada feminista y taninflexible como nuestras miradas cotidianas al uso del velo y otras costumbres de la cultura patriarcal árabe. Fue un choque enriquecedor.  Verse a través de los ojos de “el otro” siempre lo es.
El fragmento que aquí he reproducido, resumido, su autora lo vivió y escribió hace más de una década, sin embargo no parece tan lejano. Por el contrario, resulta muy actual tanto en las cuestiones que aborda acerca del control sobre la mujer en occidente como aquellas relativas al mundo árabe. lalla-essaydi-3Cierto que, a distintos ritmos, se están produciendo avances positivos en ambos hemisferios, pero es un hecho que son lentos y que situaciones como las que vivió la escritora marroquí en aquella tienda estadounidense a finales de los 90, actualmente siguen presentes en nuestro día a día femenino.
Una de las últimas exclamaciones de Fatema Mernissi en este pasaje es: “¡Qué espanto si a los fundamentalistas les diera por imponer no solo el velo, sino también la talla 38!” Añado: ¡qué espanto si a los gurús de la moda occidental les diera por enmascarar de opción estética no solo la talla 38, sino también el velo! Doble e igual espanto si como mujeres de una cultura u otra, cualquiera de ellas no son nuestra real, consciente y libre elección.
Fatema MernissiFatema Mernissi, nacida en Fez en 1940, estudió Ciencias Políticas y fue becada por la Sorbona para un doctorado en la universidad de Brandeis, Estados Unidos. Historiadora, ensayista, doctora en sociología y profesora en la Universidad Mohamed V de Rabat. También ha sido asesora de varios organismos como la UNESCO o la BIT. Es una de las intelectuales marroquíes más conocidas en Europa, destacando por su defensa de los derechos de la mujer y por ser una autoridad mundial en estudios de El Corán, así como por el estudio del impacto de las nuevas tecnologías en el mundo islámico.
Mernissi defiende un concepto humanista donde las mujeres tienen que asumir su papel luchando con la palabra, el arma principal para lograr la igualdad, y un enfoque por la lucha por los derechos humanos y la revolución a través de la mejora de las habilidades de comunicación.
En 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, junto a Susan Sontag.

SI UNA MUJER TIENE PELOS EN LAS PIERNAS, ES UN HOMBRE



Muchos anuncios de productos depilatorios apuntan, de modo más a menos sutil, que si no te quitas el vello corporal, eres un adefesio. La nueva campaña de Veet“No te arriegues a machorrificarte” va un paso más allá. Esta nueva campaña se compone de una serie de anuncios en los que se muestran a mujeres que se trasforman en un hombre porque “se depilaron ayer”. Nótese que no se trasforman en cualquier hombre. Las mujeres iniciales tienen un aspecto cuidado y limpio y son atractivas. El hombre en el que se convierten al no depilarse no corresponde al equivalente, ni tampoco al hombre que verías en cualquier otra publicidad. El mensaje es claro: te conviertes no sólo en un hombre, sino en uno desagradable.
Tu amante mostrará repulsión, la mujer que te hace la manicura (inmigrante, por supuesto) quedará sobrecogida y los taxistas te negaran la carrera, aun pagando, si osas pasar 11 horas completas sin depilarte. Tras el “No te arriegues a machorrificarte” Veet nos indica la importancia de su producto: “Siéntete mujer las 24 horas del día”.

A pesar de que tanto hombres como mujeres tienen vello corporal, la campaña refuerza los estándares de belleza que dictaminan que el vello corporal sólo es algo aceptable en los hombres.
Una mujer con vello corporal sufrirá humillación y escarnio público, se convertirá en una paria social y perderá lo más importante en la vida de cualquier mujer: su sex-appeal. Su pareja sexual quedará horrorizado cuando se despierte por la mañana: nada peor que encontrarse con que su pareja no sólo no está buenorra, sino que además se ha convertido en otro hombre… y está metido en su cama!!! (nótese el tufillo homófobo adicional).
El último anuncio de la serie muestra a una mujer en una ambulancia trás sufrir un accidente. Cuando la médica le corta la ropa recibe una desagradable sorpresa al descubrirle las piernas. La accidentada, suficientemente humillada, suplica que no siga subiendo con la tijera “Por favor, ¡las bragas no!”. No sabemos si su terror se debe a que tampoco se ha depilado el arbusto o a que, a pesar de haberse convertido en un hombre, sigue llevando ropa interior femenina (tufillo again…) O quizás es que no siguió los sabios consejos de su madre advirtiendo “Ponte siempre ropa interior decente no vaya a ser que tengas un accidente”.
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En definitiva, Veet nos regala un nuevo ejemplo de sexismo, homofobia y prejuicios varios en los medios. La valía de la mujer, su aspecto físico, y el rasero por el que se mide, el juicio ajeno. Veet, muchas gracias, pero no, gracias.



LA COSIFICACION SEXUAL. REPRESENTACION SEXUAL DE LA MUJER EN LOS MEDIOS.



El concepto de la cosificación u objetivación de las mujeres surgió con el feminismo de segunda ola, por lo que lleva rondándonos desde los años 70. Sin embargo, pese a lo relativamente reciente del término, la cosificación de la mujer no es un fenómeno nuevo. Durante la Ilustración Francesa en los siglos XVII y XVIII se genero un intenso debate sobre la función de los pechos femeninos. En la obra de teatro de Alexandre Guillaume Mouslier de Moissy de 1771 “La Verdadera Madre”, el personaje principal femenino reprocha a su marido tratarla como un simple objeto de gratificación sexual: “¿Son tus sentidos tan burdos como para considerar estos pechos –respetables tesoros de la naturaleza – como simples adornos, destinados a ornamentar el pecho de las mujeres?”
Sin embargo, parece que es hoy en día cuando la cosificación de la mujer se ha vuelto más relevante, en una sociedad devorada por el consumismo y donde las mujeres han pasado a convertirse una mercancía dedicada al disfrute, generalmente, del hombre. Esta forma de violencia simbólica, que resulta casi imperceptible, somete a todas las mujeres a través de la publicidad, las revistas, las series de televisión, las películas, los videojuegos, los videos musicales, lasnoticias, la telerealidad, etc.
¿Pero en qué consiste realmente la cosificación? Se trata del acto de representar o tratar a una persona como a un objeto (una cosa no pensante que puede ser usada como uno desee). Y más concretamente, la cosificación sexual consiste en representar o tratar a una persona como un objeto sexual, ignorando sus cualidades y habilidades intelectuales y personales y reduciéndolas a meros instrumentos para el deleite sexual de otra persona.
¿Cómo podemos reconocer la cosificación sexual? En algunos casos, la cosificación es bastante obvia, pero en otros puede resultar menos evidente. La socióloga americana Caroline Heldman ha diseñado el Test del Objeto Sexual (TOS), que permite identificar la presencia de cosificación sexual en las imágenes ante una respuesta afirmativa a cualquiera de las siguientes 7 preguntas:
1) ¿La imagen muestra únicamente una parte o partes del cuerpo de la persona?
Una mujer sin cabeza, por ejemplo, facilita el verla como un simple cuerpo al borrar cualquier atisbo de individualidad transmitido por las caras, ojos y el contacto visual con la persona de la imagen.
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En este anuncio se muestran los pechos de varias mujeres, que equivalen a los airbags del coche Audi:
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Mostrando los efectos en la mujer de hacerle una felación a un hombre con un miembro tan grande que necesitará condones de talla XXL:
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En esta cartelería de calle de Media Markt en Polonia, se muestran las piernas abiertas de una mujer con una minifalda y una flecha indicando: “30 minutos hacia lo que te gusta”, en alusión indirecta de la distancia al establecimiento más próximo:
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Una campaña de la PlayStation en Francia compara las dos pantallas táctiles con una mujer con 4 pechos capaz de proporcionar el doble de sensaciones:
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¿En qué posición dormirá esta pobre?
Se consigue el mismo efecto despersonificador cuando se muestra a las mujeres desde atrás, con una connotación adicional de “violabilidad”:
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Más explícitamente, un anuncio de una academia para fontaneros, electricistas, etc., conmina al hombre a demostrar si es realmente bueno con las manos:
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Tapar la cara de la mujer consigue el mismo efecto despersonificador que mostrar sólo una parte de su cuerpo:
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2) ¿Muestra la imagen a una persona sexualizada que actúa como soporte para un objeto?
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3) ¿Muestra la imagen a una persona sexualizada que puede ser intercambiada o renovada en cualquier momento?
La “intercambiabilidad” es un elemento común en la publicidad y refuerza el concepto de que las mujeres, al igual que los objetos, son fungibles (se usan y se descartan). Al igual que los objetos, “cuantas más mejor”, idea que borra el valor individual de cada mujer.
En estas imágenes de Victoria’s Secret se muestra a un grupo de mujeres, alineadas y a menudo tocándose las unas a las otras. Todas son casi idénticas, a pesar de tener tonos de piel y pelo ligeramente diferentes, y visten de la misma manera.
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Mostrarlas en grupo borra su individualidad y multiplica el impacto de la imagen. No vemos 6 o 7 mujeres, sino mujeres despersonificadas. Es algo así como mirar un buffet de comida desde lejos: ves comida en general, pero no necesariamente pasta, sándwiches, ensalada y fruta.
En ocasiones la intercambiabilidad es explícita, como en este anuncio de Post-It, que pueden resultarles útiles al hombre para saber a quién tiene en su cama esa noche:
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O en este anuncio del Fiat 500 Abarth:
En él un hombre tiene un apasionado encuentro con una seductora mujer italiana, que al final resulta ser un coche. Literalmente. Así, el coche y la mujer son intercambiables. No os perdáis los múltiples y sutiles detalles: la mujer sólo habla un idioma incomprensible para el hombre, la imaginería eyaculatoria, al igual que el ganado, la mujer va marcada con el logo del coche, etc.
4) ¿Muestra la imagen a una persona sexualizada que está siendo vejada o humillada sin su consentimiento?
Este anuncio muestra por ejemplo a un hombre sujetando por el cuello con su corbata a una mujer semidesnuda. Da glamour a la idea de que él haya podido atacarla y subyugarla:
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Duncan es un desaprensivo, se le va a ensuciar el modelito a la muchacha
En esta otra imagen en Vogue, las fuerzas del poder, hombres, someten a una mujer elegantemente vestida:
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Glamourizando el movimiento 15M
En este anuncio de Dolce & Gabbana una mujer vulnerable y desvalida se convierte en un simple objeto del que están a punto de disfrutar 5 hombres:
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Y Peta, la organización que defiende los derechos de los animales, parece no ver la necesidad de no hacerlo con un ser humano:
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En este anuncio de Pepsi, un guardacostas da permiso a un niño para “salvar” a una mujer inconsciente:
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La gracia de este anuncio de (una vez más) Peta es que los machotes veganos son taaaan buenos en la cama que sus parejas resultan gravemente heridas (pero les encanta).
En este curioso caso aparecido en una revista belga, se sugiere que la unica manera de que esta atractiva mujer consienta que le metas algo dentro será si le donas un órgano, lo que a la vez plantea interesantes  implicaciones sobre los motivos altruistas del donante y quién es merecedor de semejante regalo.
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Nótense las contracciones de dolor de la pobre paciente ante la necesidad inminente de un trasplante
5) ¿Sugiere la imagen que la característica definitoria de la persona es su disponibilidad sexual?
Esta imagen de una mujer abierta de piernas y con el letrero, “Ahora abierta” envía el mensaje de que la mujer está sexualmente receptiva para cualquiera que esté interesado.
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Y esta otra también se ofrece a cualquiera que la llame:
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Esta moza va a coger frío
En ocasiones, los objetos, con forma de mujer, están hecho para usarlos sexualmente.
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Me produce hemorroides sólo de verlo
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En este caso, la única manera de conseguir jabón en este baño público es hacerle un dedo a la explosiva mujer de la jabonera:
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6) ¿Muestra la imagen a una persona sexualizada que puede ser usada como una mercancía o alimento?
Por definición, los objetos pueden ser comprados y vendidos y algunos anuncios muestran a las mujeres como mercancía de uso diario. En este anuncio de 1936 de la Exposición sobre la Electricidad en Los Ángeles, las mujeres son electrodomésticos:
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En este anuncio de Renault Usados, se compara a una mujer de 40 años y divorciada con un coche de segunda mano:
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Las representaciones de mujeres como lavabos y inodoros son múltiples:
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Las mujeres también pueden ser representadas como alimentos:
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En esta otra imagen, las mujeres pueden ser adquiridas en una máquina dispensadora:
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Y otros ejemplos menos sutiles muestran mujeres muertas listas para ser cocinadas e ingeridas:
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7) ¿Trata la imagen el cuerpo de una persona sexualizada como si fuese un lienzo?
En este particular tipo de cosificación, los cuerpos de las mujeres tienen el único fin de servir como lienzo sobre el que escribir un mensaje:
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En este anuncio que fue censurado de Durex, las personas se convierten en lienzos que trasmiten lo que la persona está pensando. En el caso de la mujer, el sabor delicioso de lo que tiene en la boca y lo feliz, satisfecha y contenta que está mientras le hace una felación al hombre:
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En conjunto, el daño causado por la ampliamente usada cosificación de la mujer en la cultura popular no es puramente teórico. Más de diez años de estudios muestran los efectos nocivos para las niñas y mujeres de crecer y vivir en una sociedad cosificadora. De estos efectos, hablaremos en otra ocasión.

miércoles, 29 de julio de 2015

LA RACISTA SOY YO?


Cada vez más perturbada con todas las desigualdades que observo y vivo, camino buscando más razones para sentirme lo que soy, y enorgullecerme de ello, caminar con la frente en alto, siendo negra, siendo mujer. Pero nunca falta la persona que se incomoda, que se perturba, no por las desigualdades, sino por las igualdades. 
Y hasta saltan con la bandera de “auto-racismo”, un concepto que a duras penas entiendo, y se supone ser una especie de auto exclusión de los negros, es decir no hay racismo ahí afuera, es pura imaginación, y los verdaderamente racistas, somos nosotros, al defender y promover nuestras raíces, nuestra negritud.
Así que imagino si la cosa fuera al contrario… ¿Cómo se vería? Imagínenselo…
Una chica de rasgos caucásicos, justificando el comportamiento de su cabello… -Es que no se levanta, el crece hacia abajo…- O explicando en tono jactancioso, que sus labios gruesos se deben a que su tataratatara abuelo era originario de Guinea Ecuatorial.
Zutana diciéndote lo lindo que será Fulano por sus rasgos afro, a pesar de su blanca piel. Mientras en vulgar actitud comenta lo bien “dotado” que debe estar Perencejo, solo porque es blanco.
Un autobús lleno de gente, que comienza a bajarse por el “sospecho” aspecto de dos jóvenes blancos.
O una disputa laboral por el despido injustificado de una persona de rasgos caucásicos, por el aspecto “poco profesional” de su cabello natural…
El hecho de que estas situaciones sean exclusivas de negros deja en evidencia el problema racial que vive nuestra sociedad.
El racismo no es una manera de ver las cosas, no es un fantasma ni creación de los mismos afro/negros, el racismo es una realidad que nos golpea la cara todos los días, es el prejuicio, el maltrato, la vergüenza, y el conformismo… Es el desprecio a la diversidad de la que somos parte como latinoamericanos, y que por siglos nos han hecho renegar.
Levantar la voz en lugar de hacernos observadores inertes de las desigualdades, dejándonos cargar en el carril del racismo y endoracismo, no es resentimiento, y mucho menos “auto-racismo”, es hacer visible lo incorrecto y actuar acorde con lo que somos en realidad.
Por último debo aclarar que no existe endoracismo sin racismo. Si una persona no es discriminada por su raza, nunca se sentirá menos como para renegar de sus orígenes.

sábado, 25 de julio de 2015

CICLOS DE LA VIOLENCIA DE GENERO


La situación de violencia que la mujer sufre por parte de su pareja  en su relación, se explica porque la víctima  se vuelve cada vez más vulnerable, perdiendo con ello su capacidad de autodefensa.
Todo comienza con  una parte invisible o silenciosa que puede durar desde 1 a los 10 años de convivencia. Se inicia siempre de forma sutil, invisible a los ojos de la mujer. En estos comienzos se aprecia un exceso de control por parte del hombre hacia su pareja, que ella suele  confundir con celos, con una  preocupación excesiva por su parte  o, incluso,  como  signos de un gran amor hacia ella. Esta actitud controladora se evidencia  en muchos aspectos (su forma de vestir, su  trabajo, control de sus  gastos, control de salidas y de las amistades, intentos de separación de su familia) así como  humillación o menosprecio de  las cualidades o características de la mujer, intentando dejarla en muchas ocasiones en ridículo, A veces, delante de los demás, y en la mayoría de los casos, en la intimidad del  hogar.  De forma que va consiguiendo que ésta vaya perdiendo poco a poco su autoestima, su autonomía e incluso su capacidad o reacción o defensa ante esta  situación.
El comportamiento agresivo del varón va aumentando en frecuencia en intensidad, hasta que la mujer decide consultar o pedir ayuda, ésta se convierte en la fase visible. Donde muchos/as se enteran de la situación por la que están pasando. Muchas de ellas, se encuentran que no son creídas, dado que algunos de estos maltratadores suelen comportarse fuera de los muros del hogar de forma admirable, siendo, a los ojos de la sociedad, “el marido perfecto”
Nos encontramos con que el ciclo de la violencia es una secuencia repetitiva, que explica en muchas ocasiones  los casos del  maltrato crónico.
Se describen tres fases en este ciclo: acumulación de tensión, explosión y reconciliación, denominada, más comúnmente,  “luna de miel”.
–         Fase de acumulación de la tensión: En esta fase los actos o actitudes hostiles hacia la mujer se suceden, produciendo conflictos dentro de  la pareja. El maltratador demuestra su violencia de forma verbal y, en algunas ocasiones, con agresiones  físicas, con cambios repentinos de ánimo, que la mujer no acierta a comprender y que suele justificar, ya que no es consciente  del proceso de violencia en el que se encuentra  involucrada. De esta forma, la víctima  siempre intenta calmar a su pareja, complacerla y no realizar aquello que le moleste, con la creencia de que así evitará los conflictos, e incluso, con la equivoca creencia de  que esos conflictos son provocados por ella,  en algunas ocasiones. Esta fase seguirá en aumento.
       Fase de agresión. En esta fase el maltratador se muestra tal cual es y se producen de forma ya visible los malos tratos, tanto psicológicos, como físicos y/o sexuales. Ya en esta fase se producen estados de ansiedad y temor en la mujer, temores fundados que suelen conducirla a consultar alguna amiga, a pedir ayuda o a tomar la decisión de denunciar a su agresor.

     Fase de reconciliación, más conocida como “fase de luna de miel”: Tras los episodios violentos, el maltratador suele pedir perdón, mostrarse amable y cariñoso, suele llorar para que estas palabras resulten más creíbles, jura y promete que no volverá a repetirse, que ha  explotado por “otros problemas” siempre ajenos a él. Jura y promete que la quiere con locura y que no sabe cómo ha sucedido. Incluso se dan casos en los que puede llegar a hacer creer a la víctima que esa fase de violencia se ha dado como consecuencia de una actitud de ella, que ella la ha provocado, haciendo incluso que ésta llegue a creerlo. Con estas manipulaciones el maltratador conseguirá hacer creer a su pareja que “no ha sido para tanto”, que “sólo ha sido una pelea de nada”, verá la parte cariñosa de él (la que él quiere mostrarle para que la relación no se rompa y seguir manejándola). La mujer que desea el cambio, suele confiar en estas palabras y en estas “muestras de amor”, creyendo que podrá ayudarle a cambiar. Algo que los maltratadores suelen hacer con mucha normalidad “pedirles a ellas que les ayuden a cambiar”. Por desgracia ésta es sólo una fase más del ciclo, volviendo a iniciarse, nuevamente, con la fase de acumulación de la tensión.
Por desgracia estos ciclos suelen conducir a un aumento de la violencia, lo que conlleva  a un elevado y creciente peligro para la mujer, quien  comienza  a pensar que no hay salida a esta situación.
Esta sucesión de ciclos a lo largo de la vida del maltratador es lo que explica por qué muchas víctimas de malos tratos vuelven con el agresor, retirando, incluso, la denuncia que le había interpuesto.





QUE ENTENDEMOS POR: TRATA DE SERES HUMANOS.



Es la captación, traslado y recepción de personas, recurriendo a la amenaza, al uso de la fuerza u otras formas de coacción.
Al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad, con fines de explotación, normalmente esta explotación será sexual, haciéndolas trabajar en el mundo de la prostitución, en trabajos forzados, esclavitud, servidumbre o, llegando en algunos casos, a la extracción de órganos para su posterior venta.
Es un gran  Delito a nivel mundial tras el narcotrafico y el tráfico de armas. Que genera importantes sumas de dinero a las mafias dedicadas a este “negocio”.
En la trata nos encontramos con dos tipos de traslado: uno dentro del mismo país, pero aislando a la persona de su entorno, aislándola para dominarla  y controlarla y la segunda es trasladarla desde su lugar de origen, normalmente bajo engaños, a otros países donde serán esclavizadas, vendidas, obligadas a prostituirse, drogarse, etc.




LO QUE JAMÁS DEBE OLVIDARSE: LA TRATA EXISTE SÓLO PORQUE EXISTEN CLIENTES QUE LO SOLICITA.

DELIMITACIONES CONCEPTUALES: VIOLENCIA DE GENERO Y VIOLENCIA DOMESTICA.


Desde que la violencia contra las mujeres salta del ámbito privado a convertirse en un asunto de interés Público por la difusión que  los medios de comunicación realizan sobre el tema, el legislador abordó el tema desde la perspectiva de maltrato familiar. Y así lo expresó con motivo de la inclusión del primer delito de violencia, justificando la nueva figura como forma de “proteger a los miembros físicamente más débiles del grupo familiar frente a conductas sistemáticamente agresivas de otros miembros del mismo.
A partir de estas ideas iniciales la jurisprudencia fue consolidando una doctrina que definitivamente sitúa el motivo de la tutela penal reforzada en la necesidad de proteger la dignidad de las personas que forman parte del núcleo de la vida doméstica y sobre todo, de dar protección a la familia como institución reconocida y amparada por nuestro ordenamiento constitucional.
De esta forma las causas de la violencia se buscan en la propia naturaleza de las relaciones familiares, cuyas características de subordinación y dependencia vendrían a favorecer una posición de dominio de ciertos miembros del grupo familiar sobre otros y la correlativa indefensión de éstos últimos. De ahí el predominio de “violencia doméstica”, adecuado para designar este fenómeno que desde el nacimiento de los malos tratos se ha orientado la respuesta del Derecho Penal.
Sin embargo,  la que menos encaja en esta perspectiva tuitiva centrada en las relaciones familiares de sujeción y vulnerabilidad es precisamente la mujer. La ley le reconoce plena igualdad con su pareja y salvo casos excepcionales, que nada tienen que ver con el sexo, sus características físicas y psíquicas no permiten calificarla como un ser por naturaleza “débil”, no siendo asimilable, de esta forma ni a los niños, ni a los ancianos ni a los incapaces, que por sus propias condiciones si ocupan una posición subordinada dentro del ámbito familiar.
A la mujer, es el agresor quien la hace vulnerable a través del ejercicio de la violencia. Su vulnerabilidad no depende de su posición jurídica dentro de la familia ni de sus condiciones personales, sino que es el resultado de una estrategia de dominación ejercida por el varón para mantenerla bajo su control.
Es por este motivo que la causa de violencia contra las mujeres no debemos buscarla en la naturaleza de los vínculos familiares, sino en la discriminación estructural que sufren como consecuencia de la ancestral desigualdad en la distribución de roles sociales. En el dominio patriarcal. Aunque, en la práctica sea en el ámbito doméstico donde más se da este tipo de violencia.
Pero hay algo que no debemos olvidar, las agresiones sexuales o el acoso laboral también son manifestaciones de este fenómeno y nada tienen que ver con el contexto familiar.

De ahí lo inapropiado de identificar violencia de género con violencia doméstica. Esta confusión de conceptos hace que los demás tipos de violencia queden diluidos, y la violencia de género queda oculta tras otras formas de comportamiento violento, impidiendo que la sociedad visualice que se trata de la manifestación más extrema de una discriminación estructural que las mujeres vienen padeciendo desde tiempos remotos.
El camino indiferenciado que hasta ahora venía siguiendo el legislador español apuntando a la familia como chaus y a la vez víctima del fenómeno, pone al descubierto la resistencia de muchos sectores sociales a reconocer que la violencia de género existe como fenómeno social, es decir, como un tipo específico de violencia vinculado de modo directo al sexo de la víctima. Cuya explicación se encuentra en el reparto inequitativo de roles sociales, en pautas culturales muy asentadas que favorecen las relaciones de posesión y dominio del varón hacia la mujer.
La violencia contra las mujeres no es una cuestión biológica ni doméstica sino de género. Es una situación de discriminación intemporal que tiene su origen en una estructura social de naturaleza patriarcal.
En la IV CONFERENCIA INTERNACIONAL DE BEIJING DE 1995 se  proclama la violencia contra las mujeres como “una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, que conducido a la dominación masculina, a la discriminación y a impedir el pleno desarrollo de la mujer”
De esta forma no es lo mismo violencia de género y violencia doméstica, ya que una apunta a la mujer y la otra a la familia como sujetos de referencia. Las relaciones de pareja o de convivencia familiar son sólo un escenario privilegiado de esa violencia pero no pueden, ni deben, acaparar la multiplicidad de manifestaciones que se ocultan bajo la etiqueta “violencia de género”
Como afirman Miguel y José Antonio Lorente Acosta a la mujer no se le maltrata por ser madre, novia o ama de casa, sino por ser mujer, por ello es importante delimitar conceptualmente la violencia que se ejerce sobre la mujer, ya que al denominarla incorrectamente se está relacionando sólo con un ambiente concreto, el familiar o doméstico, y de ahí se puede pasar con relativa facilidad  a limitarlo a determinados tipos de familia, a ciertas circunstancias, a algunos hombres que son enfermos alcohólicos, o especialmente violentos, o también a mujeres que los provocan”